La creación literaria, por Dona Edhelwen

¡Hey! Esto no se trata de un manual ni mucho menos, sino de mi particular reflexión sobre el proceso de creación literaria.

Muchos escritores se esfuerzan en complicar las cosas; sienten que, si no consiguen una originalísima metáfora no serán capaces de despertar el interés de sus lectores. Nada más alejado de la realidad. Los recursos literarios no son la base de la obra, sino herramientas que debemos usar con precaución para embellecer la materia.

Comparémoslo con una tarta.






Si nos pasamos con el azúcar glasé, el resultado podría ser edulcorado, acartonado y poco sabroso. Lo importante es mezclar bien los ingredientes: harina (temas), huevos (descripciones), levadura (acción), mantequilla (personajes),... para que el resultado sea homogéneo, suave y apetecible, Así, el lector no querrá dejar ni una sola miga en el plato, aunque su estómago rebose.

 Mas, todos nos preguntamos, ¿cómo se puede conseguir esto?

No existe una fórmula universalmente válida. Muchos libros de calidad dudosa son líderes en ventas. ¿Por qué?

Pensemos ahora en la comida rápida.



No exige esfuerzo, es repetitiva y su sabor nos provoca, de alguna manera, adicción.

Leer requiere trabajo intelectual; cuanto más compleja se presente una novela, más pereza y desgana nos dará empezarla, y probablemente nos desmotive pronto. Sin embargo, no debemos caer en la tentación de la simpleza, ya que estaríamos reduciendo nuestra escritura a un simple bizcocho prefabricado.

Hay una frase que dice:

Es de sabios saber hacer sencillo lo complicado, pero es de necios intentar hacer simple lo complejo.
¿A dónde quiero llegar con esto? Pues que debemos conseguir englobar las múltiples facetas del ser en nuestra obra (complicado) de forma atractiva y accesible para nuestro público (sencillo) pero nunca reducir esta inmensidad y riqueza a cuatro descuidadas explicaciones (simple) ni tampoco retorcerlo hasta lo ininteligible (complejo).

¿Qué sería de una tarta que nadie quiere comer, que se olvida en el fondo de una nevera hasta que caduca? ¿Qué sería de un libro que nadie quiere abrir, que permanece solitario en la estantería? Nuestra misión como escritores es alcanzar el público y transmitirle nuestro mensaje, sea el que sea. Por lo tanto, el lenguaje es fundamental. Tratad que sea actual, preciso y variado.

El arte debe ser compartido, expandirse y conmover a tantos corazones como le sea posible.



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